sábado, 8 de junio de 2013

PRIMER MES DE NO VER A MI LADO A MI ESPOSA ANTONIETA. HOY ES SU MISA.

Antonieta y José Carlos
Los días han transcurrido veloces. Ya estamos en el primer mes, desde que el 8 de Mayo partiera rumbo al cielo mi adorada Antonieta. El tremendo golpe va siendo asimilado. Dios nos da la fortaleza necesaria y los amigos también. Quizá pesaba sobre nosotros una triste experiencia pasada. Cuando falleció mi padre y concurríamos a su Misa del primer mes, terminada la ceremonia, una llamada telefónica nos volvía a angustiar. Se trataba de nuestra mamá. No pudo soportar su soledad y partió ese mismo día en busca de su amado esposo. Nuestros hijos se han encargado de que esto no se repita y se los agradezco. También, y lo considero muy importante, el no haberme desligado de seguir "distrayéndome" con mis blogs. 

Es cierto y lo digo con la mayor sinceridad, quedé como en medio de un desierto y sin defensa alguna contra la atroz soledad que me invadió. Los efectos son dramáticos. Hemos podido apreciar mucha solidaridad y, a la vez, nuevos casos de separaciones físicas en el seno de muchos amigos y en nuestra propia familia. Por algo obra así nuestro Dios. Creamos este blog sin pensar en nosotros. Sólo para brindar nuestro aliento a quienes se vieran afectados por las vicisitudes de la vida. Mis condolencias a la "Familia Rodríguez" que acaba de perder a Gabriel, uno de sus queridos hermanos. Esto nos hizo salir de nuestro "egoísmo". De pensar que éramos los únicos con tan tremendo dolor. Lo mismo que con nuestra prima Marina Gavonel, impactada por algo similar. 

En medio de nuestro dolor, vamos reflexionando y pensando que el mundo todavía no se acaba. Sólo Dios lo sabe. Voy a pintarles lo que hemos vivido en este primer mes de ausencia de mi querida esposa. En primer lugar, es algo muy difícil de aceptar. Evocaba, por ejemplo, cuando por razones de trabajo o en actividades institucionales, debíamos ausentarnos del hogar por varios días, meses o años. Gracias al teléfono estábamos siempre conectados. El correo se encargaba de ampliar nuestras experiencias y quedan registros escritos de lo que les narro. Siempre existía la certeza del retorno como el más eficaz tranquilizador. Todo esto se minimizó.

No hemos perdido contacto con nuestros amigos y familia. Los diarios correos y el teléfono nos han hecho, de algún modo, distraernos de la honda pena. Esto es imposible de borrar. No hay cura médica para ello. Es el alma el que se afecta y para ello tenemos que hacer el esfuerzo necesario hasta que por lógica naturaleza nos resignemos. En estos treinta días he valorado en su real dimensión lo que fue mi Antonieta querida. Constituimos un hogar basado en el amor y aceptando las realidades diarias. Por supuesto que existieron desavenencias. Para nosotros siempre han primado los recuerdos de juventud. Nuestros primeros días de enamoramiento y el romance que ha continuado siempre. Aquellos tiempos de la radio y la música que disfrutamos. 

Podría decir que lo más nos unió fue el arte. Lo que superó esto fue nuestra familia, nuestros hijos y en los últimos tiempos nuestros nietos. Ese ha sido el real secreto. Gracias a ello estamos sobreviviendo y deploro hondamente por la ausencia de la abuela que nos ha dejado su eterno recuerdo y, a la vez, honda pena. Quienes lean superficialmente esta reseña, no tienen la más mínima idea de lo que nos ha hecho humedecer el teclado. A las 5 de la tarde estaremos en la Iglesia Santa Rosa de Lima en Lince, lugar que mi querida esposa visitaba con unción cada vez que visitábamos a nuestros nietos. Allí quedaron sus oraciones y allí volveremos hoy para su MISA DEL MES. Acompáñenos desde su hogar con una oración para el eterno descanso de Antonieta Bernales Quiroz de Serván. Gracias.